Por: Raúl Hernández
La telefonía celular ha sido víctima de infinidad de cuestionamientos prácticamente desde su aparición, cuando los teléfonos móviles eran del tamaño de un tabique digno del segundo piso del periférico. Obivamente el auge de un aparato que ofrece un servicio cómodo y eficaz como el que ofrece el celular crea una moda que hoy para algunos es más una dependencia.
La nueva generación de celulares ofrecen al poseedor una variedad de servicios que ni Julio Verne hubiese podido relatar en su historia más osada, el acceso a Internet, música en proporciones impresionantes, almacenamiento de fotografía y video, GPS, etc.
Por supuesto que las compañías de telefonías son las más beneficiadas por la fiebre del celular y de la red 3G llevándose tajadas millonarias por un servicio deprimente. Sin embargo también es cierto que la tecnología celular está al alcance de cualquiera, prácticamente sin distinguir clases sociales, ni edades. Hoy es frecuente ver a un niño de 10 años con un móvil que antes sólo un adulto o un miembro de las clases favorecidas podían adquirir.
Aparatos como el iPhone o el Blackberry se popularizan a velocidades insospechadas, pero con la misma rapidez salen del gusto de las masas que se encuentran pendientes de las innovaciones. El celular es una moda, pero también es una necesidad de las generaciones contemporáneas.
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